Se incrusta en la garganta, mente y sobre todo en la pasión.
Te humilla e involuciona, sobre todo te distorsiona.
Sin piedad te abandona en la soledad del ser.
Cuando la fuerza te abandone y el corazón te reclame un ¡Basta ya!
Hazle caso al corazón sin embuste, sin miedo,
Sin prisa distante, con la razón mediante,
Con un beso y con credo.
Ruégale a los cielos con los mejores cantares,
Como el viento a un velo, como la lluvia a la cornisa,
Donde quiera que acoja el viento tu rezo,tu ruego o tu paz,
Que recaiga en un silencio sin estallido, donde quiera pero definitivo.

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