Ahora me pasa algo que siempre consideré gracioso pero nunca me tomé la molestia de pensar en que me pasaría a mi.
Uno siempre se la pasa odiando ciertas actitudes de alguien cercano, podría ser tu enamorada, hermana y/o hermano, padres y hasta suegras.
A veces pienso como podría yo, en mi caso fue una ex-enamorada, extrañar que ella deje cabellos en el lavadero del dormitorio, comer la comida muy picante, quitarme la frazada en invierno, llamarme para saber dónde estoy cada 10 minutos, etc.
Esas actitudes, a muchos lo volverían loco, yo soy muy relajado pero me volvieron algo renegón mis hermanos pequeños, el asumir el cargo de hermano mayor y por ende la imagen de correcto varón que uno debe asumir, fue mucho para mi. Esa es una de las razones por las cuales a veces y sí muchas, soy muy "Papá" con mis enamoradas y amigas.
La anécdota que siempre me pareció más divertida fueron mis noches de invierno hace algunos años atrás, en las cuales tenía que dormir al borde de mi propia cama, sí en el mismísimo borde, casi casi mismo gato durmiendo en el borde de la cornisa. Ella se desplazaba como dueña de la cama y eso me incluía, me quitaba la frazada, la sábana era mi única arma contra el frío limeño de la madrugada, me botaba, se estiraba y hasta las almohadas me quitaba.
Era una tirana en la cama, yo sólo un pobre esclavo esperando recibir un poco de calor de mis propias colchas. Lo curioso es que se levanto como si nada hubiera pasado y es más, me pregunto si había dormido bien, sólo le di una sonrisa.
Hasta ahora no sé que me hizo dormir feliz a pesar de todo, si contamos todo lo que pasé esa noche, una noche en guantanamo no suena tan mal.
A la mañana siguiente yo tenía un aspecto espantoso por no haber podido dormir, con frío, pero por alguna extraña razón feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario