Vuelvo por las noches, agito mi alma, recuerdo tu lanza y sueño improperios.
Me vuelvo a levantar, escucho el sonido de tu voz, me alegro, me regocijo.
Me vuelvo a acostar, ya no estás, me lamento, te sigo.
Son miradas al cielo, llenas de esperanza, esperanza que alimentan a un corazón partido.
Esperanzas que le cantan al alma, sin sentidos específicos que mi dolor amaña.
Sonrío al viento, y sin ti ya no me animo a cantar, no me animo a reír, no me animo a vivir.
Es que tú no entiendes mi latido, mi respiro y mi lamento. Cuanto daría yo porque un minuto cantaras en mi corazón y vivieras con ilusión cada uno de mis latidos.
Cuanto daría yo porque este corazón abatido se llenará de susurro de tus más bellas verdades, de tus más indefinibles versos y de tus besos que sólo ellos curan mi alma y me sellan de calma.

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