Catalino, era un pequeño niño de 6 años que nunca fue al nido no por burro sino por flojo y fisgón, un día su mamá cansada de ver a Catalino solo dedicarse a mirar por la ventana la vida de las demás personas decide mandarlo al nido.
Él no entiende porque el castigo, ya que él considera que el colegio será una perdida de tiempo, él quiere ser como su papá un vendedor de plátanos.
Su madre se horroriza cada vez que escucha al pequeño Catalino vociferar a voz en cuello el cántico de ventas de su padre: Platanooooosss, casera compre sus platanooosss...
A la semana siguiente, Catalino con lonchera en mano, estaba parado en la puerta del nido, San Juan Apostol. Era el único nido decente que se encontraba en la zona donde vivía Catalino, su madre hizo el esfuerzo de comprarle un mandil nuevo, sus cabellos revoltosos fueron domados a punta de gomina, Catalino parecía un niño nuevo, salvo, que sólo quedaba en él su característico y notorio mal humor.
Su mamá se persigna al verlo entrar, espera que Catalino se vuelva un niño de bien y no termine siendo un borracho y bueno para nada como su hermano Rodolfo. Su madre considera que con Rodolfo ya no puede hacer nada, él tiene 22 años y solo iba al colegio no mas de dos días al mes.
Catalino fue llevado al salón 2A de niños de 4 a 5 años, muchos de ellos se sorprendieron al ver un niño grande en su salón, él empezó a sentirse de una manera diferente, una para la cual no se sentía preparado, el miedo que le genero ser el centro de atención lo hicieron orinarse en el pantalón, la maestra lo miró con preocupación y le preguntó si sentía bien. Catalino corrió al baño y sentó a llorar. Lo llevaron a su casa y allí su mamá lo regañó.
Al día siguiente la profesora les pidió a los niños que olviden lo sucedido el día anterior y no hagan sentir mal a Catalino, la profesora hizo sentarse a Catalino al costado de Carlitos, el niño más callado del salón.
Carlitos casi ni saludó a Catalino, sólo lo miró con el rabillo del ojo. Catalino miró los dibujos de Carlitos y quedo maravillado con sus dibujos, Carlitos dibujaba muy bien para su edad. Pasaba sentado todo el día en su carpeta dibujando, desde que entraba hasta que salia, era en verdad un artista y así se lo hacía saber a su madre, la cual pensaba llevarlo a Francia cuando crezca donde él se haría un gran pintor.
Catalino sintió por primera vez celos, celos de no poder dibujar como Carlitos, trataba de imitarlo de mil maneras, pero siempre se sentía frustrado, él nunca sería como Carlitos, entonces tendré que destruir lo que hace pensó.
Una tarde cuando Carlitos salió al recreo, Catalino se hizo el enfermo para no salir y así llevaría su maléfico plan pensó, se acerco a la mochila de Carlitos y robó sus lápices de colores. Sin lapices de colores no podrá dibujar jamás.
Carlitos al regresar a su salón busco por todas partes sus lapices de colores, para él eran especiales, su mamá se los había comprado y le pidió que los cuidase mucho. Le pregunto a Catalino si los había visto, Catalino le dijo que no vio nada y que estaba dormido en el pupitre.
Carlitos miró al piso y encontró su lapiz, trató de no sentirse mal y siguió dibujando.
El nuevo dibujo era mucho mejor que los anteriores, Catalino estaba una vez mas frustrado. No entendía porque sin sus lapices de colores Carlitos podía dibujar.
.......................... más tarzán lo termino xD