Cuando la amargura pasa, ya es síntoma de que en verdad ya no queda nada.
Hoy me levanté extrañamente con buen humor, es como si hubiera vomitado toda la basura que tenía dentro de mi, vaya que sirvió.
Una pizarra de corcho que decidí descolgar y botar todo lo que ya no sirve a la basura, vaya, eso sí que hace bien, fuera lo viejo, venga lo nuevo.
Una entrada de un concierto, un papel dibujado, un brazalete y una foto ya no habitan en mi mural, se fueron. ¡Qué alegría!
Vaya que no soy bueno aseando, eso está más que demostrado se me quedaron varias cosas en el piso, pasaré a recogerlas más tarde, ganchos, collets y hasta un lapiz qué nunca usé. Por ahí una rosa muerta hace mucho y una pita que no sé que diantres hace acá, barriendo encuentro un trozo de corrospún, fotos y demás cosas de un pasado tormentoso.
¡Vaya!, todo quedó vacio, me acabo de dar cuenta de lo desordenado que soy y de la basura que acumulé por mucho tiempo.
Sólo queda mi cama, mi tv, mi laptop, y mis discos.
Lo demás ya no está, ya lo boté.

No hay comentarios:
Publicar un comentario