Me di cuenta de que todo es por casualidad,
Mis lágrimas llenaron hondos pozos de sutilezas y tus negros ojos, oscuros como tu alma, me consumieron, me devoraron.
Ahora soy un monstruo, ¡Bah! Tú sola no eres la culpable.
Yo también lo soy y no por olvidarme quien soy sino por permitirte hacerme nacer de un útero compartido.
Porque soy egoísta y nunca quise compartir mis botanas, tus miserias y menos nuestra cama.
Tú te devoraste mis botanas, entregaste tus miserias y obvio manchaste nuestra cama.
Tuve sed y me compraste sal, quise un abrazo y me diste miradas culposas.
No todo es tu culpa pequeña miserable, mía lo es más por señalarme en el fondo de las escaleras.
Odio quien soy, odiaré una rosa y un corrospúm porque dominan mi alma.
Me sentaré en la mesa, pensando o vomitando tus amores, tus besos y caricias.
Pero sobre todas las cosas olvidando, olvidando.

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