Me di cuenta de lo estúpido que fui y que aún sigo siendo.
De las promesas perdidas, de las rotas y de las incumplidas.
Soñé que andaba descalzo por un umbral de piedra, soñé que llovía mientras lloraba en la puerta de acero.
Dentro de mis penas, vi a una muchacha; tan fina, tan bella.
Me miró con pena y desolación.
Seis años perdí, mi vida se hizo un breve apocalípsis. La doncella de hierro duerme ahora en el oscuro mar.
Rogaría porque regrese, pero debo soltar mis cadenas, debo despertar del sueño.
Su rosa, sus poses de princesa de cartón me siguen a donde voy.
Despertaré un día de estos, soñaré libertades y besaré un buen sueño.
Porque ya no me agobia tu partida, solo una sonrisa me regala el viento.

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