Y los tuyos, parecen no haber olvidado a los míos.
Luces eternas, el mismo balcón y seguimos en la misma cama.
Apresados por nosotros mismos, sentados en el jardín de nuestra calma.
Tus besos, apaciguan mi sed de vida,
mi sed de risa, mi sed de calma
pero me dejan la sed insufrible de la esperanza.

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